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18th of October 2018

Cine



El triunfo de Netflix fuerza la renovación de los festivales de cine

Antes de 2019, la primera película producida por una plataforma online en ganar un festival de cine de clase A podrá ser vista por 130 millones de espectadores de 190 países distintos. Roma, lo nuevo de Alfonso Cuarón, que el pasado sábado se alzó con el León de Oro de la Mostra de Venecia, entrará en el catálogo de contenidos originales de Netflix junto con series sobre narcotraficantes y concursos de repostería. Esa victoria abre una nueva era en las tensas relaciones que el gigante del streaming ha mantenido con los certámenes históricos en Europa. Cannes y Berlín deberán redefinir su política: mantener un cordón sanitario para evitar la erosión del sistema tradicional de salas o abrirse a la plataforma para evitar un arrinconamiento gradual.

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En 2017, el logo de Netflix era silbado en Cannes. En 2018, la victoria de Cuarón fue recibida con una ovación. La misma semana que triunfaba en Venecia, Netflix también inauguró Toronto con Outlaw King, con Chris Pine, y clausuró Deauville con Operation Finale, con Ben Kingsley. La posición de fuerza de la plataforma es incontestable y llega en tiempo récord. Cannes ha sido, hasta ahora, el festival más beligerante. Después de su apertura de 2017, cuando incluyó dos películas de Netflix en su concurso, decidió dar marcha atrás en 2018, dejando fuera de competición a todas las películas que no se estrenasen en las salas francesas. En respuesta, Netflix retiró todos sus filmes del festival. ¿Qué sucederá en 2019? Su delegado general, Thierry Frémaux, no da detalles, aunque no renuncia a encontrar “un común acuerdo”.

El problema al que se enfrenta Cannes es la rigidez de la legislación francesa, que impone que transcurran tres años entre el estreno comercial de una película y su disponibilidad en las plataformas de VOD (vídeo bajo demanda). El Gobierno francés negocia rebajar ese lapso, pero parece difícil que pueda reducirlo a menos de un año sin molestar a cadenas de pago como Canal Plus, uno de los principales financiadores del cine francés. Sea cual sea el nuevo plazo, seguirá resultando excesivo para Netflix. Hasta el momento, los estrenos day and date —llegar el mismo día a los cines y a Internet— son ilegales en Francia, salvo que el Centro Nacional del Cine autorice una proyección excepcional en un puñado de salas. Sin cambios en el horizonte, Cannes se expone a tener que prescindir de algunos de los grandes nombres del cine estadounidense. Por ejemplo, las próximas dos películas de Martin Scorsese llevan el sello de Netflix. “Si Cannes se ve penalizado, será de manera marginal”, explicaba Frémaux en mayo. La victoria de Roma en la Mostra parece ponerlo en duda. Fuentes del festival recuerdan que Roma fue seleccionada por Cannes en enero, antes de que Venecia “se aprovechara de la regla” instaurada por el consejo de administración del festival francés, donde tienen asiento asignado la Federación Nacional de Cines Franceses y otras 15 entidades profesionales.

La Berlinale también tendrá que definir una posición clara. Su director artístico, Dieter Kosslick, dijo en 2015 que la inclusión de películas de Netflix en el programa del festival era “un paso hacia el futuro”, pero hasta el momento no ha seleccionado ninguna en su competición (la plataforma compró después filmes premiados en Berlín). En Venecia, las películas de Netflix compiten desde 2015. Pero la reticencia del sector también existe. Tres asociaciones de cineastas y exhibidores italianos han protestado contra el León de Oro a Roma, que consideran “vehículo demarketing” para la plataforma, y han pedido al Gobierno de su país que abra una investigación. En julio ya se quejaron las salas de cine.

El mejor audiovisual

Para José Luis Rebordinos, director del festival de San Sebastián, no hay duda: “Por supuesto que admitiremos películas de cualquier plataforma en cualquier sección”. En la próxima edición, que arranca en siete días, habrá una película de Netflix a concurso: Illang, la brigada del lobo, del coreano Kim Jee-Woon. “En su país se ha estrenado en salas, en el resto del mundo se verá en la plataforma tras el Zinemaldia. Queremos traer el mejor audiovisual posible, venga de donde venga, se produzca donde se produzca. No somos quiénes para hacer una legislación prohibitiva o una criba”, explica. Y recuerda que hay muchas películas del certamen que no se estrenan en España: “Ponemos las que nos gustan”.

Si los festivales se ven obligados a cambiar, también deberá hacerlo Netflix. En Venecia, tanto Cuarón como los hermanos Coen, cuyo wéstern The Ballad of Buster Scruggs se marchó con un premio al mejor guion, anunciaron que sus películas se verían en salas comerciales durante un tiempo limitado —una semana, según The Hollywood Reporter— antes de entrar en el catálogo de Netflix. La estrategia puede permitir que la plataforma deje de ser percibida como un verdugo de las salas y, sobre todo, que sus películas logren nominaciones a los Oscar. Algunos directores de primer nivel empiezan a plantear un estreno en salas cuando tratan con la compañía. “No diría que fue una condición, pero sí un deseo expreso. En el proceso de hacer películas, todo es una cuestión de negociación”, admitió Joel Coen a EL PAÍS. En 2017, el jefe de contenidos de Netflix, Ted Sarandos, llamó a terminar con la “noción romántica” de ver las películas en pantalla grande. Un año después, tal vez se haya dado cuenta de que necesita a la vieja industria para seguir creciendo.

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