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17th of October 2018

Cine



Consejos del guionista que reinó con diálogos afilados y de machotes

En los ochenta Shane Black (Pittsburgh, 1961) era dios en Hollywood. Con menos de 30 años, tras el éxito de Arma letal —que había escrito a los 22 años—, se convirtió en el guionista mejor pagado gracias a El último boy scout (1991), por la que cobró 1,5 millones de euros, cantidad que elevó a 3,43 millones con Memoria letal (1996). Todo el cine de acción de aquellas dos décadas bebía de su estilo cimentado en diálogos rápidos y la camaradería masculina.

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Y después, el silencio. Problemas con los estudios, el advenimiento de Quentin Tarantino... Black dejó de ser el niño de oro. Tuvo una pequeña resurrección debutando en la dirección con Kiss Kiss Bang Bang (2005), con Robert Downey jr., y desapareció de nuevo hasta que Downey le llamó para escribir y dirigir Iron Man 3 (2013). Tras Dos buenos tipos (2016), ahora resucita el nuevo Predator, y con él, el mejor Black. “Soy el ejemplo de cómo nadie controla su carrera”, cuenta el cineasta en Madrid, a dos semanas del estreno de su thriller, mañana. “Hay gente que reniega de los ochenta, y yo en cambio solo puedo agradecer haber trabajo en aquella época. Me gustaba el estilo de esa década. Los thrillers podían ser algo cursis, pero funcionaban. Límite: 48 horas estableció el canon”, recuerda. “Yo seguí esa senda de cultura pop, de historias sólidas bajo ese paraguas. No fue un invento de Tarantino”.

Un depredador que no saldrá en pantalla

Al día siguiente de esta entrevista, Los Ángeles Times publicó que el estudio Fox había eliminado una secuencia a petición de la actriz Olivia Munn. Munn se sintió herida por haber rodado sin ser avisada con un actor, amigo de Black, que había estado en prisión por acoso sexual a una menor. En el festival de Toronto, Munn contó: “He visto la disculpa que publicó y la aprecio. Me hubiese gustado todavía más si me la hubiera dirigido personalmente antes de que hacerla pública y que la leyera al mismo tiempo que todos los demás. Es descorazonador pelear por algo que es tan obvio para mi. No sé por qué tiene que ser tan duro. Mucha gente me está tratando como si yo fuera la que ha estado en la cárcel y quien ha puesto a este tipo en el rodaje. Para mí era muy importante que se borrara esa secuencia. Descubrí aquello como todo el mundo. Fue desagradable. Ahora me preguntáis sobre este tema y no puedo mentir. Me siento muy sola sentándome aquí cuando debería estar con el resto del reparto. Si alguien quiere compartir su trabajo con alguien que ha estado en prisión por dañar a un niño… una vez que han salido de prisión, han cumplido su condena, pueden volver a la sociedad y es su decisión ayudarles. Pero a mí nadie me dio esa opción; se tomó la decisión por mí. Mi elección es que nunca daré una oportunidad a alguien que haya hecho daño a un niño o a un animal. Así soy yo”. Le hicieron el vacío.

Black actuó en el Predator (Depredador) (1987) original. Porque quería ser actor, y para que echara un ojo al guion. “Músculos, violencia... En esa línea hubo grandes trabajos como Aliens de Cameron y horrores como Comando. Pero incluso esa película manejaba muy bien la exuberancia, la característica principal de ese estilo de cine”, recuerda. Él se movió bajo el mandamiento: “Rueda siempre a lo grande”. “Claro, porque no importa qué estés haciendo. Trabaja con miras. Incluso aunque sea una serie. Haz lo mejor que sepas. Me indigna ver series de televisión grabadas con indolencia, en las que triunfa la mediocridad. ¡Te pagan por ello! ¡Esfuérzate!”.

Del primer Depredador, Black solo recuerda cosas buenas, aunque en pantalla fuera el primero en morir. “De verdad que la nueva no me la he tomado como una venganza contra Predator, sino como algo cíclico. Vuelvo a aquel mundo y lo hago con orgullo”. Y en ese orgullo entra su amor a los personajes, a los que dota siempre de humanidad y de diálogos muy rápidos al estilo de la comedia screwball del Hollywood clásico: “No me gusta la comedia screwball. Lo siento. Prefiero, antes que las bromas en los guiones, que sea cómo se dicen los diálogos lo que entretenga al espectador. Me encantan las buenas frases. En cuanto a la humanidad, me parece necesario para cualquier guion encontrar el lado vulnerable de cada personaje".

En la última pregunta llega el momento más personal. Entre los soldados renegados que protagonizan Predator, uno de ellos sufre del síndrome de Tourette. Como Black, que lo contó el año pasado. “Yo lo tengo más controlado”, asegura. “Se me dispara cuando estoy cansando, tras un largo día. Quiero que la gente vea que es más común de lo que se piensa. Y quería aportar algo de humor a la situación. Es mi estilo, ¿sabes?”.

Shane Black, en Madrid.ampliar foto Shane Black, en Madrid. Emilio Naranjo EFE Read More




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